Empiezo con mi experiencia a bordo del vuelo de Korean Air entre Incheon y Dubái,
y con todo el recorrido hasta llegar a Dubái Terminal 2.
En realidad quería publicar primero esta entrada,
pero por error le di a publicar al post de la Martina Lounge
y terminó saliendo antes, de la nada, el artículo de la sala VIP.
Pero parece que hay muchísima gente viajando últimamente,
porque en cuanto subí el post se volvió bastante popular…
En fin,

si no hubiera reservado con antelación, habría sido un problema,
porque el autobús Airport Limousine iba completamente lleno.
Y, sin darme cuenta, ya estaba en el aeropuerto.
En la Terminal 1 se bajó un montón de gente,
pero en la Terminal 2 creo que solo bajamos tres personas, incluyéndome.
Me habían dicho que el aeropuerto estaría a reventar,
pero parece que eso era solo en la Terminal 1; aquí estaba bastante tranquilo.

Así que pude prepararme para embarcar con calma.
Como mi asiento estaba en la parte delantera, me indicaron que subiera primero.

Jamás pensé que en esta vida terminaría yendo a Dubái…
De verdad, uno nunca sabe lo que le espera.
El vuelo de Korean Air a Dubái opera una vez al día
y el mío era el KE951, en un Airbus A330-300.

Cuando era pequeña siempre volaba con Korean Air,
pero últimamente he usado muchas aerolíneas low cost y también Asiana,
así que hacía muchísimo tiempo que no volaba con Korean Air.

Dentro de clase turista elegí la fila 28, la primera, que es de las más cómodas,
porque es un asiento con extra de espacio para las piernas y normalmente se paga aparte.
Pero como compré el billete bastante tarde y bastante caro,
al final pude seleccionarlo sin coste adicional.
La configuración era 2-4-2 y, como era un vuelo largo,
escogí asiento de pasillo para poder ir al baño con más facilidad.
Si quieres ver el mapa completo de asientos, está en la web oficial.

Embarcamos.
Como viajaba sola, me preocupaba bastante
quién me tocaría al lado, pero me senté junto a un estadounidense muy educado.
No hablamos, pero ninguno molestó al otro
y así pasé esas 10 horas tranquilamente. Todo perfecto.


Espacio para las piernas en el asiento 28G, primera fila de turista
Puedes verlo bien en la foto.
Además, me gustó porque no era uno de esos asientos frente a los tripulantes.

Ojalá algún día pueda viajar
en business con toda naturalidad; habrá que seguir esforzándose.


Aunque sea la primera fila, sí hay pantalla,
solo que está escondida debajo del reposabrazos.
También hay puerto USB para cargar debajo del asiento.

Y como había dos ventanillas,
podía mirar hacia fuera
sin incomodar a la persona de al lado, aunque quedaban un poco lejos.

El vuelo salía a la 1:30,
pero como la pista estaba saturada se retrasó 30 minutos
y despegamos cerca de las 2.

Normalmente dicen que sirven la comida una hora después del despegue,
pero como salimos tarde, quizá por eso la trajeron a los 30 minutos.
Y sí, en Korean Air a Dubái la mejor elección de comida a bordo sigue siendo el bibimbap, ¿no?

También se podía pedir menú especial con antelación,
y estuve tentada de probar uno,
pero como hacía tiempo que no lo comía, me fui a lo clásico.


El bibimbap de la bandeja estaba realmente rico, como siempre.
Venía con sopa de algas y pepino encurtido como acompañamientos,
y de postre, un tteok y pan… una auténtica bomba de carbohidratos.
El estadounidense de al lado también mezcló su bibimbap estupendamente,
se notaba que ya lo había comido varias veces.
Yo además pedí una Coca-Cola Zero. Entró sola.

En el bolsillo de las zapatillas venía también un set de cepillo de dientes,
con una calidad más que decente para usarlo dos veces durante el vuelo.
Y aunque dentro del avión no hacía un frío exagerado,
como al final pasas tantas horas sentada, poco a poco te entra ese fresquito,
así que pedí una manta extra y fui bien tapada, arriba y abajo, todo el trayecto.

Unas dos horas después de la primera comida
reparten también un snack: un onigiri de pollo bulgogi.
Lo acepté pensando “me lo como luego”,
pero como apenas me moví, nunca me dio hambre otra vez
y al final me bajé sin probarlo, así que no sé qué tal estaba.

Había bastantes películas nuevas y programas de TV,
pero no me apetecía ver nada en concreto,
así que dejé puesta casi todo el tiempo la pantalla con la información del vuelo.

Unas dos horas antes de aterrizar
llegó la segunda comida.
Había opción de dakgalbi picante o bulgogi de ternera,
y como me apetecía algo con un punto picante, elegí el dakgalbi.
La bandeja era más pequeña que la del bibimbap
y en general esta cena venía bastante más sencilla.

Esta no me pareció especialmente rica,
simplemente estaba aceptable.


Hacía mucho que no hacía un vuelo de larga distancia
y, además, al ir sola, hubo momentos en que me aburrí bastante.
Entre YouTube, mirar por la ventana y dormirme a ratos,
hasta me leí un libro entero en Millie’s Library.

Y por fin empezamos a descender.
Qué emoción.
Ya de por sí me hacía ilusión entrar en Emiratos Árabes Unidos y salir del avión,
pero como mi marido había llegado mucho antes,
todavía me hacía más feliz porque por fin nos íbamos a reencontrar.

Adiós, mi bolita de arroz…
Dejé también un video por aquí.

La zona donde está el aeropuerto de Dubái es Sharjah,
y nada más aterrizar miré el tiempo local:
sensación térmica de 38 grados. Una locura.
Pero dentro del aeropuerto el aire acondicionado estaba tan fuerte
que no lo noté de verdad hasta salir al exterior.

Korean Air llega a la Terminal 1,
y después de bajar del avión hay que ir rápido hasta la zona del tren
para tomar el shuttle tram hacia inmigración.
Ya había gente haciendo fila antes,
pero en mi vuelo corrí tanto que fui la primera en llegar y entré justo en ese tren; hasta ahí alcancé.
Los demás iban con demasiada calma…
El tranvía te deja saliendo por la misma puerta por la que entraste,
y aun después de bajarte, de verdad recomiendo seguir caminando rápido.

¿La razón? El control migratorio estaba llenísimo.
Yo fui de las primeras en bajar del tranvía
y salí disparada,
sin esperar siquiera la escalera mecánica:
bajé por las escaleras normales casi como Usain Bolt.
En inmigración, los turistas tienen que hacer fila,
como en la foto, en la zona del panel azul.
A la derecha también hay una fila
con paneles morados,
pero esa es la línea automática para personas ya registradas.
La fila de inmigración tarda bastante,
y aunque los coreanos solemos movernos rápido
y resolver estas cosas con agilidad, aquí se junta gente de todo el mundo
y hay personas bastante despistadas, la verdad.
Sobre todo había muchísimos trabajadores de India y del Sudeste Asiático,
y además coincidió con vacaciones festivas en China, así que también había muchísimos chinos.

En cualquier caso, cuando por fin llegó mi turno, el control fue muy simple: básicamente me preguntaron mi nombre.
Y yo pensando: “pero si está en el pasaporte… tampoco es un nombre tan difícil de leer”.
En fin, tal como había visto en otras reseñas,
al salir te regalan una SIM de 1 GB.
Como yo siempre viajo con roaming,
para mí fue más bien un souvenir.


Después del control, al salir, también se ve una pequeña tienda duty free
y muchísima gente con rasgos que no me resultaban familiares.
La sensación era totalmente distinta a un viaje por Japón, y eso me encantó.

Cuando llegué a la zona de recogida de equipaje,
justo vi pasar mi maleta delante de mí.
En otras reseñas había leído
que a veces ya las bajaban de la cinta y las dejaban debajo,
pero como yo salí muy rápido, la mía todavía seguía dando vueltas.
Los coreanos ya solemos ser rápidos de por sí,
pero mi marido y yo todavía más: siempre a toda velocidad.


Mi marido había ido a recogerme y, cuando salí buscando la puerta, vi por todas partes esos relojes de pared Rolex que solo había visto en fotos; no eran uno ni dos, estaban por todos lados.
Puro petrodólar.
Parecía que todo el mundo sabía que yo llegaba,
porque había una fila interminable de gente esperando a alguien.
Y al final de toda esa hilera estaba mi marido,
así que tuvimos nuestro reencuentro emocionante y nos fuimos al coche.
También dejé otro video.

Como mi marido iba a quedarse bastante tiempo,
se estaba moviendo en coche de alquiler.
Había reservado una categoría tipo Hyundai Avante,
pero le dieron este coche rojo, que según él no le pegaba nada.

Ya llevaba un tiempo allí y se había adaptado por completo,
convertido en todo un maestro al volante.
Porque las carreteras árabes tienen cada personaje…


Nada más arrancar, incluso paramos a poner gasolina,
y desde el primer momento el viaje ya me pareció curioso y divertidísimo.

Reservamos el hotel Pullman Dubai,
y al poco de ir en camino ya apareció ante nosotros
el Burj Khalifa. Impresionante.

Desde justo delante del hotel también se veía así de bien.

En fin, llegamos al hotel por la noche sin ningún problema.
Fue un viaje tan completo, tan variado y tan feliz
que tengo muchísimo material para seguir publicando,
pero no sé cuándo voy a terminar de escribirlo todo.
+) Todavía no he vuelto a Corea,
y como estoy escribiendo esto desde Abu Dabi,
aún no tengo reseña del vuelo de regreso.
El vuelo de vuelta, el KE952, lo subiré más adelante.